Invadida por los pinares de la multinacional Arauco, la Comunidad Mbya Puente Quemado 2 resiste al asedio y la indiferencia estatal. Custodios de su cultura y de lo que queda de selva, apuestan a la educación como herramienta para el porvenir de sus infancias y adolescencias. 

Por Sergio Alvez

Fotos: Variaciones

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Domingo. El enero más caluroso de los últimos tiempos. Algunos,  dicen que en toda la historia de esta febril provincia de Misiones no se ha visto algo igual. La sequía provoca estragos. La tierra escarlata se despedaza crujiente. Las vertientes, secas; el monte, amarillento. En la comunidad Puente Quemado 2, la gurizada se resfresca en las aguas del arroyo Garuhapé, que como otros, mantiene aún su caudal mínimo sobre las piedras y la arcilla. Otras personas, más grandes, comparten un tereré debajo de la arboleda.

Los perros, acostados y jadeantes, no quieren ni moverse. El sopor veraniego, en la aldea,  tiene su propia sinfonía, la de las chicharras. Pero de pronto, otro sonido se entromete. Es un crujido seco y persistente, que se acrecienta junto al arribo cada vez más cercano de las oleadas de humo que circundan la comunidad. Provienen gritos infantiles desde el arroyo.  Vienen a advertir a los adultos que el fuego avanza desde los pinales y el arroyo parece incapaz de contenerlo. De repente todos comienzan a correr, en busca de los confines del fuego, hacia los cuatro puntos cardinales, para identificar la magnitud de lo que está ocurriendo. Con el correr de los minutos, se va confirmando el peor escenario: los incendios forestales avanzan desde todos los flancos, aproximándose a la zona de viviendas. Desde los pinares que rodean a la comunidad, el fuego  crece peligrosamente. Hay expresiones de pánico e intentos desesperados de buscar cuánta agua sea posible del arroyo. Acercarse al fuego es por demás riesgoso y en cierto punto, inútil. Es tanta la potencia del ardor, que incluso se trepa a los árboles del monte. Las chicharras ya no estridulan. Sólo se escucha el violento tronar del fuego destruyendo todo a su paso.

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La Comunidad Puente Quemado 2 se encuentra en  Garuhapé Mi (Colonia San Miguel), dentro de Garuhapé, un municipio con acceso sobre la ruta nacional 12 , que queda exactamente a mitad de camino entre las ciudades de Posadas y Puerto Iguazú: 150 kilómetros hacia una u otra.

Desde esta ruta hasta la comunidad, hay un dificultoso tramo de 20 kilómetros. Si bien un pequeño trayecto está asfaltado, la mayoría del camino entremezcla tierra, piedras,  grietas e improvisados puentes de madera. El paisaje ofrece el esplendor de fracciones de selva paranaense, interrumpidas abruptamente por abundantes pinares, de todo tamaño.  

–No es fácil, entrar y salir. Y cuando llueve ni te cuento.– dice Santiago Ramos, autoridad (mburivicha) de Puente Quemado 2.

Ya pasaron varias semanas desde aquel 16 de enero de 2022 en que los incendios alcanzaron la aldea, pero las secuelas y la preocupación, dice Santiago, persisten. Con la lumbre de un tronco, en la pava negra se calienta el agua para el mate.

–Y ahora estamos trece familias. O sea, somos 74 personas. El más chiquito, nació esta semana. Y la persona mayor, tiene 72 años. Después hay muchos jóvenes. La mayoría son niños y jóvenes–cuenta Santiago.

Si bien, en toda la provincia y la región, la presencia del Pueblo Mbya Guaraní es pre existente a todo proceso migratorio y de “colonización”, en este punto geográfico específico, la comunidad está afincada desde hace más de cuatro décadas.

–El primero que vino acá y se quedó, se llamaba Paulino Santa Cruz. Ahí fue cómo que se fundó Puente Quemado 2. Había encontrado un lugar con puro monte, y donde había un buen arroyo. Así fue creciendo la comunidad hasta hoy, pero lo que cambió fue que en todo este tiempo las empresas fueron destruyendo miles de hectáreas de la hermosa selva que teníamos. Ya no queda casi nada. Todo el monte que cuidamos, casi ya no existe.

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La multinacional chilena Arauco, que antes en Misiones se hacía llamar Alto Paraná S.A , declara poseer  1,7 millones de hectáreas de patrimonio forestal en Sudamérica y 55 plantas productivas en Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Estados Unidos y Canadá, además del 50% de Sonae Arauco con activos en España, Portugal, Alemania y Sudáfrica.

“Somos una compañía global y diversificada en la industria forestal, presente en el mundo con los más altos estándares: protección del bosque nativo; gestión responsable en sus peraciones; desarrollo de productos de la más alta calidad y con valor agregado; servicio de calidad a clientes; personas de excelencia guiados por una visión y valores comunes; y el compromiso de ser un agente activo en el desarrollo económico y social en donde operamos”.

En Misiones, puntualmente, Arauco ostenta la tenencia de 232 mil hectáreas, lo que equivale a casi el diez por ciento de la superficie total de la provincia. La mayoría de estas tierras, corresponde al monocultivo de pino y eucalipto, dos especies que, como lo demuestra un sinfín de estudios científicos, a gran escala atentan contra la biodiversidad y la salud humana.

“Área con Alto Valor de Conservación (AVC)” determina Arauco en referencia al territorio de 390 hectáreas de la Comunidad Puente Quemado 2. En un documento de la compañía, titulado “Área de Interés para la Comunidad Puente Quemado II” (Ficha Nº26, 2015), la empresa identifica una serie de “Amenazas para Conservar los AVC”:  Caza,  apeo ilegal,  y riesgos de Incendios.

–Yo no sé decir cuántas hectáreas ya desmontó Arauco en nuestro territorio. Cientas, miles. Estamos acorralados. Nos dejaron cinco hectáreas para nuestras viviendas, y para plantar un poco, después nos rodearon de pino. Nunca nos dieron participación ni nos consultaron, vienen y hacen nomás–denuncia el cacique Santiago.

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 Los incendios de los pinares de Arauco que se desarrollaron entre el 16 y el 17 de enero, terminaron quemando un total de 330 hectáreas, incluyendo dos viviendas de la aldea y todo un sector destinado a los cultivos propios de la medicina natural mbya. Una de las viviendas afectadas fue la de Santiago Martinez, de 67 años.

–No pude hacer nada. No dio tiempo. No tenemos agua y el arroyo queda bastante lejos. El fuego entró rápido. No podía ver nada por el humo. Te hacía toser. Mi casita se quemó rápido– cuenta Martinez, quien desde entonces vive en el mismo lugar, pero bajo un nylon junto a sus cultivos de poroto y maíz que, entre tanto desastre, se salvaron.

El cacique Ramos añade:

–Intentamos mantener a los chicos alejados, pero las chispas llegaban cerca. Todos tenían miedo. Los Bomberos vinieron pero no pudieron hacer nada. Fueron dos días de fuego sin cesar. Ellos (por la empresa Arauco) no se hicieron cargo de nada.

(Santiago Martinez perdió su vivienda en el incendio).

 Cristian Villalba y Lulina González son dos pilares importantes para la salud de la comunidad. Mientras él es agente sanitario y representa el nexo formal entre la aldea y el Ministerio de Salud Pública, ella es una de las primeras habitantes  de la comunidad y  la partera que asiste desde hace cuatro décadas cada nacimiento que hay aquí.

Cada 15 días, un médico ingresa a la comunidad para hacer controles y atender dolencias. Cuando hay emergencia –afortunadamente pocas en los últimos años -, la comunidad depende de una ambulancia que se encuentra a 20 kilómetros. El único medio de transporte y movilidad que existe, es la moto 150 cc de Cristian. “Necesitamos más que nunca que la atención médica pueda ser de al menos una vez por semana y no quince días. Es demasiado tiempo. Con los incendios nuestra medicina natural quedó arrasada. Y estamos teniendo gripes, casos de mucha fiebre que antes no había. No alcanza con una vez cada quince días” pide el cacique Ramos.

Lulina, de 65 años de edad, enciende su pipa y cuenta que el primer parto que debió asistir fue el de su hermana mayor. Perdió la cuenta de la cantidad de nacimientos que asistió. Por suerte, todos han terminado bien. El oficio de Lulina es fundamental. Sin ella, dadas las distancias y otros múltiples obstáculos que padecen no pocas veceslas parturientas guaraníes en su interacción con el sistema de salud, la realidad de la comunidad sería aún más compleja.

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Tanto el acceso al agua potable como a la energía eléctrica, constituyen necesidades básicas insustituibles y son  derechos humanos de tipo económico y social. La comunidad Puente Quemado 2 no cuenta con ninguno de estos derechos.

–Años hace que reclamo agua y luz. Es terrible. Vivimos a oscuras, sin poder cargar un celular, sin siquiera poder tener un foquito de luz o un ventilador en la escuela. En pleno siglo XXI, seguimos viviendo así. Llevé pedidos y notas a la Municipalidad, a Dirección de Asuntos Guaraníes, a EMSA, a la Cooperativa de agua, pero nunca tuvimos respuesta–afirma Santiago Ramos.

En enero de 2021, trascendió mediáticamente y llegó al Ministerio de Ecología de la Provincia, una denuncia por “ecocidio” contra las empresas que extraen arcilla de las costas del arroyo Garuhapé. La grave contaminación ambiental producida por esta actividad extractivista, – que se desarrolla incumpliendo normativas provinciales de protección de los márgenes de arroyos- se suma a la degradación del cuace ocasionada de por sí, por la excesiva presencia de monocultivo en la zona.

–El arroyo está contaminado pero es nuestra única fuente de agua.  Cargamos en balde y si es para consumo, hervimos.– dice Santiago.

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Días después del incendio, cuenta el cacique, un funcionario del Área Sustentabilidad Región Norte de Arauco se hizo presente en la comunidad.

–Ellos vinieron, pero no se hicieron cargo ni de las viviendas quemadas ni de todo el daño ocasionado. Les pedimos que retiren los pinos quemados y dejen de plantar. Pero nos dijeron que ven muy difícil que eso suceda. Que van a seguir plantando en nuestra comunidad. No respetan nuestro territorio. Esta comunidad está relevada por el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, nosotros tenemos derechos sobre estas tierras. No se puede permitir que una empresa extranjera nos invada de esta manera.

Con el apoyo del Equipo Misiones de Pastoral Aborigen (EMiPA), el mburivicha intimó a la empresa Arauco para que “cesen toda actividad” en el territorio de la comunidad.

El conflicto, se enmarca en al menos, dos contextos. Por un lado, el historial de conflictividad de la multinacional con decenas de comunidades rurales de distintos puntos de la provincia en torno a la tenencia y el uso de la tierra; y por otro lado en la afectación directa del modelo extractivista sobre los Pueblos Originarios, con problemáticas abiertas actualmente en las comunidades de Alecrim (San Pedro), Ka´a Kupe (Ruiz de Montoya) o Mbokajaty (San Ignacio), entre otras denunciadas desde la mayor asamblea y organización territorial mbya de la provincia, el denominado Aty Ñeychyrõ.

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Todos los días hábiles, la docente Ana Isabel Lagos termina de dar clases en Puerto Rico, se sube a su camioneta y sin sacarse el guardapolvo, desanda los aventureros 20 kilómetros hasta Puente Quemado 2, donde desde junio del año pasado es la única docente a cargo de la Escuela Intercultural Bilingüe que funciona en la comunidad. Aquí, sin agua potable ni luz, Ana Lagos brinda clases para 27 alumnos y alumnas de entre 6 y 17 años, que cursan de primero a séptimo grado. En un salón de madera, con dos pizarrones colgados y el mobiliario básico, la maestra se las ingenió para dividir imaginariamente tres aulas diferentes. Además, todas las tardes al terminar las clases, Ana les sirve la merienda.

–Empezamos en junio del año pasado. Esto me cambió la vida, son chicos con muchas necesidades, pero con sueños, con muchas ganas de aprender, de poder estudiar. Estamos ante un gran desafío, por eso necesitamos urgentemente mejorar las condiciones. Está en juego el futuro de estos niños y jóvenes. Necesitan oportunidades. –dice la maestra Ana.

Además de las cuestiones de infraestructura básica (agua potable, luz, internet), material didáctico y mobiliario, el pedido de la comunidad tiene que ver con que quienes egresan de la primaria puedan tener la chance de seguir estudiando. “También pedimos que se incluya nivel inicial, que se sume otra docente y que podamos contar con un tinglado” expresa Ramos.

–Ya hay cuatro jóvenes que terminaron la primaria, pero no tienen forma de acudir a la secundaria. Necesitamos que el Estado nos brinde una solución para que nuestros jóvenes sigan estudiando. Queremos que todos puedan ir a la secundaria y también a la universidad–completa el cacique.

Cuando llega el final de la jornada escolar, los y las estudiantes de la comunidad salen hacia el patio entre risas.

–Me llamo Ariel, tengo 17 años, ya terminé la primaria pero me gusta estudiar, sigo viniendo a la escuela. Quisiera poder ir a la secundaria, y me gustaría ser arquitecto en un futuro.

–Mi nombre es Santa, tengo 13 años, estoy en quinto grado. Quiero estudiar para ser maestra.

–Yo soy Daniel. Tengo 14 y estoy en sexto. También me gustaría ser maestro y enseñarle a los más chicos.

–Yo soy Cristian. Cumplí 20. Algún día me gustaría ser médico.

Categorías: Historias

3 Comentarios

mario · 8 abril, 2022 en 9:44 am

nunca mejor descrito la angustiante realidad crónica de las comunidades guaraníes ejemplificada aquí con puente quemado 2, claramente a las autoridades que administran esta provincia del slogan de “gran hotel verde” tienen conflictos de intereses que les impide resolver cuestiones básicas y derechos adquiridos.

    roxana · 13 abril, 2022 en 3:29 pm

    buenas tardes! estoy tan indignada con lo que le está pasando a está comunidad. las autoridades por que no se ponen a trabajar de una vez por toda,es tán básico lo que necesitan. tienen que ser escuchados. por favor!. que no sea un pueblo OLVIDADO.

Juan · 12 abril, 2022 en 11:57 pm

Muy bueno y completo el artículo. Tuve el placer y la tristeza de conocer personalmente la aldea; placer por las personas que conocí y tristeza porque sentí la continuación del genocidio aborigen escondido en lo profundo del monte lejos de la mirada de la sociedad, amparado en el abandono del estado y la ambición de Arauco. Muchos dirían “el cuento de la pipa”…solo espero que con gestos como este, de hacer público el olvido de estas aldeas, que el deseo de los niños pueda en un futuro no muy lejano hacerse realidad. Gracias por no olvidarlos…

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