El idioma guaraní tiene un pasado de persecución, discriminación e intentos de prohibición. Hoy, incluso aquí en la provincia de Misiones, afloran los intentos de reivindicación. Mística, esplendor y vigencia del guaraní, en la órbita de diversas voces autorizadas.

Por Redacción Variaciones

Tarde de primavera en la ciudad de Posadas. En un céntrico bar de esta urbanidad, donde suele haber recitales y largas noches de jarana, ahora hay un grupo de personas en torno a una mesa, dónde los cuadernos y las fotocopias se entremezclan con las jarras de tereré y un par de latas de cerveza. Se trata de un “laboratorio del idioma y la cultura guaraní”, un espacio que reúne a jóvenes y no tanto, bajo la idea de aprender esta lengua autóctona a partir de un enfoque en la práctica conversacional.

El espacio, que forma parte del proyecto Museo de la Triple Frontera,  se denomina “Ñe’e Saraki”. La coordinadora  del taller, Belén Lafuente, explica que Ñe’e significa palabra, y saraki es un término polisémico que significa distintas cosas de acuerdo al contexto, pero que refiere al espíritu aventurero de los niños cuando están en edad de descubrimiento; curiosidad, inquietud. Es que se trata de eso, de aprender jugando con las palabras”.

La propuesta, sirve como disparadora para pensar en una serie de interrogantes y cuestiones ligadas a un idioma, el guaraní, históricamente negado, discriminado, perseguido y hasta prohibido en su propia región de influencia, tanto en Argentina como en Paraguay.

Si nos centramos en la provincia de Misiones y desde allí miramos, algunas de esas preguntas son,  ¿por qué en ciudades como Posadas o Eldorado, donde la familiaridad y cercanía con Paraguay es tan evidente, existe tan poca gente que actualmente habla el idioma guaraní? ¿Qué riquezas y diferencias presenta el idioma guaraní con respecto al castellano? ¿Qué estrategias se dan las más de cien comunidades Mbya Guaraní que habitan en Misiones para preservar su lengua y qué rasgos especiales tiene la misma? ¿Qué podría hacer el Estado para fortalecer el interés y el respeto por el idioma guaraní?

A continuación, hurgamos en algunas respuestas posibles, de la mano de diversos protagonistas.

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Quiero en mi tumba una escritura en guaraní.  La frase del poeta y músico posadeño Alcibíades Alarcón, plasmada en su obra fundamental (Misionero y Guaraní), propone un sentido de pertenencia y orgullo que como se plantea al inicio de este informe, no es moneda corriente en la capital misionera, separada ésta de Paraguay por apenas un par de kilómetros de río.

Previo a la construcción y constitución de los Estados Nacionales actuales, el área etnográfica de Misiones estuvo poblada íntegramente por guaraníes. Nos referimos a la región actualmente comprendida por Paraguay, Chaco, Formosa, Corrientes, Misiones y la franja entrerriana que bordea el río Paraná,  incluidas las Islas del Delta.

“Esto significa que los guaraníes forman parte de una misma familia lingüística, la Tupi-Guaraní y comparten patrones culturales en común a pesar de la heterogeneidad presente en cada grupo étnico. Hasta 1865 la trinchera de San José, actual ciudad de Posadas, fue ocupada por tropas paraguayas hasta que se inicia la Guerra de la Triple Alianza. Posterior a la guerra, Argentina retoma la ocupación por el Tratado de 1876, que establece el río Paraná como límite entre los dos estados. Es lógico que con un país devastado por la guerra de la Triple Alianza se produjera la mayor afluencia de pobladores al territorio misionero (1865-1870). En 1881 la zona de Misiones pasa a tener categoría de Territorio Nacional, esto significa que comienza la inmigración y colonización con la llegada de inmigrantes europeos impulsada por la ley de Avellaneda” introduce Belén Lafuente.

Para ella, las razones de la discriminación histórica del idioma guaraní deben rastrearse en las imposiciones del proyecto de una Nación moderna que “promulgó en sus discursos la construcción de un imaginario de origen europeo que ‘descendieron de  los barcos’, invisibilizando la población nativa indígena, criolla y a los inmigrantes limítrofes.  El temor de transmitir una lengua tan explícita como expresión cultural y portadora de una identidad estigmatizada en el escenario internacional tras los discursos e imaginarios creados antes y durante la Guerra de la Triple Alianza con gran eficacia simbólica, brindó un gran motivo a sus hablantes para ocultarla hacia el exterior y reservar su uso para espacios íntimos y discretos”.

Otra de las pistas que señala Lafuente en relación a las interrupciones generacionales en su transmisión, habitan en las características de los procesos migratorios, de integración sociocultural y los modos de apropiación territorial de las familias migrantes a las ciudades.

“Las generaciones que migraron hacia Posadas en ese período, huyeron de la guerra civil y de un clima político amenazador. Dejar de transmitir su lengua podía garantizar el precio de una nacionalidad argentina ‘legítima’ y libre de persecuciones para sus descendientes. Este imaginario donde la lengua guaraní es vista como lejana y extranjera es producto de una construcción social simbólica e ideológicamente propiciada por el proyecto que consolidó una idea Nación Argentina  blanca y europea, negando ese patrimonio cultural local en un contexto de disputas regidas por intereses económicos, políticos y territoriales” puntualiza Lafuente.  Aun así, observa que “el guaraní goza de una gran vitalidad en la provincia;  lo curioso es que todavía no sea reconocida como lengua oficial como sucedió en Corrientes o en Paraguay. Aun cuando se ostenta un indígena nativo como ícono identitario, todavía queda pendiente reconocer también su lengua”.

Belén Lafuente, facilitadora de un taller sobre el idioma guaraní.

Fallecido en 2004, Elvio Romero es considerado el poeta paraguayo más universal en lengua castellana. Sin embargo, y aunque era buen hablante del idioma guaraní, no logró escapar del monolingüismo castellano, en parte por su condición de exiliado y porque cómo él mismo alegaba, no escribía en guaraní “por respeto a la lengua misma”. Así, Romero inmortalizó solamente un poema de su vasta obra, en idioma guaraní: Che ropea guýpe .

Para el locutor bilingüe del ministerio de Cultura de la Provincia de Misiones e incansable divulgador del idioma, Juan Ramón Fariña, los motivos de las desatenciones que padece el idioma guaraní en la región, también incluyen el hecho de que “los descendientes  de paraguayos, muchas veces se rehúsan a usar el idioma; eso desde mi concepción se debe a que la gran mayoría de los misioneros, damos por sentado que es un idioma extranjero, de Paraguay; y el guaraní no es de Paraguay solamente, sino es de toda la región. Cuando digo Región me extiendo hasta el Caribe, hasta el Río de la Plata,  y de la cordillera hasta el océano Atlántico”.

A la hora de definir el idioma que milita cotidianamente, Fariña afirma que “el guaraní nace con la naturaleza, es ilustrativo, es explicativo,  es demostrativo, y es onomatopéyico;  es natural y es completo”.

Por su parte, Belén Lafuente aporta que la lengua guaraní “es rica y expresiva, resistente a los ataques a través del tiempo;  con una plasticidad de excelencia poética, es valorable la reticencia a la malicia en el vocabulario,  ya que no se encuentran fácilmente palabras que disminuyan o ataquen la integridad de una persona”.

Otro aspecto ligado a la esencia del idioma, añade Lafuente, tiene que ver que con el hecho de que “ para los guaraníes la palabra proviene de alma y está estrechamente ligada a ella. El mborayhu (reciprocidad) es la primera manifestación del ñe’ẽ ’(palabra) y solo ella puede hacer nacer el deseo de aguyje, un estado de perfección alejado de las debilidades de la carne y la sangre”.

Recientemente, uno de los rescates interesantes que se vienen haciendo de expresiones en guaraní en distintos soportes, es Zine Mbya, un fanzine elaborado por Marshall Paredez y Estefanía Baranger, que con una singular estética,  acopia historias que circulan oralmente entre los jóvenes mbya en las comunidades de la provincia.

 En 2017, la lingüista María Gloria Pereira tradujo Mafalda al guaraní

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Denis Sanabria tiene 34 años y es albañil. La primera vez que fue a una obra, tenía 5. Fue acompañar a su padre, quien estaba levantando una casa en el barrio Cateura, ahí en la periferia de Asunción.

–Ese día ya hice unas cositas. Me enseñaron a preparar la mezcla. Me crié prácticamente en las obras donde trabajaba mi papá. Pude terminar la escuela primaria, y ahora es mi oficio, el que me da de comer a mí y a mi familia.

La de Denis es una de las típicas historias migrantes contemporáneas de ciudadanos paraguayos que cruzan el río Paraná y se afincan en Posadas en busca de oportunidades laborales. En 2010, Argentina atravesaba un “boom” en el rubro de la construcción. El aumento en la cantidad de obras y la demanda de fuerza laboral, hicieron que Denis, junto a dos de sus primos (también albañiles), se decidieran a dejar Encarnación – donde se encontraban viviendo-para aventurarse en la radicación definitiva en Argentina.

–Ya era una cosa de ir todos los días, por trabajo, cruzar el puente en moto. En un momento dijimos listo, hora de irnos a vivir allá. Y acá estamos, todavía, siempre con trabajo gracias a la Virgen–dice Denis.

Aquí en Posadas, en el ámbito de la construcción, Denis conoció en carne propia la discriminación y la proscripción de su idioma natal, en todos los casos a raíz de la animadversión de sus ocasionales patrones.

–Resulta que casi siempre los albañiles somos paraguayos y el patrón no. Entonces, no le gusta que hablemos entre nosotros en nuestro idioma guaraní, porque no entienden y no pueden controlar lo que decimos. Directamente prohibido estuvo en muchas obras donde trabajé hablar guaraní. Es normal eso. Por eso, cuando salimos, nos vamos a tomar una cervecita y hablar en guaraní parece más lindo todavía.

Guadalupe Ayala,  también paraguaya radicada en Misiones, y de oficio trabajadora de casas particulares, vivenció la misma situación que Denis:

–Hace siete años ya que vivo. Primero tenía un trabajo cama adentro, ahora alquilo una casita y trabajo en cuatro casas distintas. La mayoría de los patrones, no quieren que hable en guaraní ni por celular. Es una total discriminación pero una acepta para conservar el trabajo.  Incluso, en un trabajo, los hijos adolescentes de mi patrona, se burlaban, me imitaban hablando en guaraní. Pero ahora tengo una patrona, que le gusta y me pide que le enseñe a hablar guaraní (ríe).

La persecución y los intentos de prohibición del idioma guaraní datan ya desde 1770, cuando luego de la  expulsión de los jesuitas,  el Rey Carlos III dictó la Cédula Real, que instruía a la toma de medidas de orden lingüístico que implicaban el origen de la persecución contra las lenguas nativas en América.

Así, la lengua de mayor circulación en la región del Paraguay colonial, se vio asediada por la discriminación frente al castellano.

El historiador paraguayo, David Velázquez Seiferheld, autor entre otros libros del  Digesto Normativo sobre Pueblos Indígenas en el Paraguay 1811 – 2003, afirma que “las prohibiciones por decreto no sirvieron para detener al idioma guaraní, tal como lo testimonian los propios gobernadores coloniales del Paraguay en la documentación existente. Si se quieren mencionar otras latitudes, es imprescindible recordar que el guaraní fue la segunda lengua más utilizada en Buenos Aires en los siglos XVII y XVIII, y que, inclusive, la Proclama de la Junta de 1816 en la Argentina fue redactada en español, quechua, aymará y guaraní”.

La investigación titulada La lengua guaraní, orgullo de un país, publicada por la Organización de las Naciones Unidas ( ONU) en 2019, indica que la “última etapa de persecución e intento de sofocar su uso fueron los 35 años de dictadura de Alfredo Stroessner, que terminó en 1989”. A su vez, el periódico estadounidense The New York Times en su artículo La legitimación del guaraní en Paraguay: una lucha contra la desigualdad (2018) , incluye el testimonio de una persona llamada Porfiria Orrego Invernizzi, quien cuando era estudiante “fue obligada por sus profesores a hincarse sobre granos de sal y maíz durante toda la mañana en la sala de clases como castigo por hablar su lengua materna”.

Sobre este itinerario persecutorio, el historiador Velázquez Seiferheld  entiende que “con las prohibiciones oficiales convivía el guaraní de la música y la poesía que a partir de los años 30 comenzaba a ocupar un lugar de privilegio en el marco del surgimiento del nacionalismo. En la segunda mitad del siglo XX, en los años 70, en el Congreso Nacional de Educación se analizó la necesidad de volver a promover el guaraní, esta vez en el marco de la Constitución de 1967. Por esta razón, por la importancia que se le dio en dicha constitución, se recuerda el Día de la Lengua Guaraní el 25 de agosto”.

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La noción de estatus lingüístico, se vincula también a la idea del estatus social de sus hablantes. Es aquí donde los procesos culturales y sociales, van moldeando interpretaciones colectivas en torno al prestigio de tal o cual dialecto. Hugo Arce,  Antropolólogo Social (UNaM – Argentina) y Máster en Investigación Etnográfica, Teoría Antropológica y Relaciones Interculturales (UAB – España), afirma que “al hablar de relaciones interculturales, de la idea de interculturalidad como concepto motor, se debe tener en cuenta que siempre hay una cultura que es más potente; en este caso siempre hay una lengua que tiene más prestigio, más estatus lingüístico. Cuando éramos chicos, nuestros padres, que hablaban guaraní perfectamente, no nos querían enseñar,  porque supuestamente era un idioma que embrutecía, que era solamente propio de los ‘menchos’, de las zonas rurales”.

Reforzando esta mirada, Arce señala que particularmente en la provincia de Misiones, “el estatus lingüístico es muy claro: la mitad de la provincia está influenciada por el guaraní, pero es una influencia que no se reconoce, aunque se utilicen algunas palabras. La lengua de la cultura era y es el castellano, tanto para los Estados Nacionales como para la mayoría de la población”.

Actualmente, Arce integra un equipo docente que dicta en la localidad de Campo Grande (Zona Centro de Misiones), un curso de capacitación en Lengua y Cultura Guaraní, destinado a la comunidad en general.

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El profesor de Educación Secundaria en Lengua y Literatura, Anselmo Fernandez, oriundo de la Tekoa Arandú

Aunque se esperan los resultados del Censo Nacional 2022 recientemente realizado, se estima que en la provincia de Misiones habitan más de 110 comunidades mbya guaraní. Estos núcleos habitacionales, indistintamente insertos en territorios selváticos, rurales, semi urbanos y urbanos – muchas veces amenazados por el extractivismo y otras circunstancias – representan a su vez un reservorio fundamental para el idioma guaraní.

El profesor de Educación Secundaria en Lengua y Literatura, Anselmo Fernandez, oriundo de la Tekoa Arandú de Pozo Azul, explica que “El idioma mbya está dentro de la Gran Nación Guaraní y dentro de ella xisten diferentes culturas e idiomas: chiripa, kaiowa, ava guaraní, y también nosotros los mbya guaraní. Por lo tanto, el idioma varía, pero en general hay similitudes”.

Al establecer una comparación en cuanto al idioma entre la población indígena y la mayoría poblacional que no se reconoce como tal, Fernández señala que “en Paraguay, se trata del idioma oficial, pero en nuestro caso, de los mbya, representa a una cultura originaria, con expresiones complejas y sobre todo, espirituales”.

El profesor advierte que “mientras que el castellano tiene su origen en antiguas culturas Europas, el guaraní siempre fue de aquí, la diferencia es total, casi no hay relación entre ambos idiomas. También es cierto que el castellano se impone al guaraní, y predomina en el ámbito social; tampoco es un idioma comercial como el inglés, entonces no tiene respaldo. Para preservarlo y reforzarlo, debería haber un trabajo fuerte desde lo educativo y cultural”.

Sobre este asunto, el de las iniciativas que podrían fortalecer al idioma guaraní en el presente, Belén Lafuente subraya que “se podría promover el aprendizaje de esta lengua nativa como interés público, propio de una región con tanta diversidad cultural y cuyo substrato guaraní se encuentra tan presente en la toponimia misma de localidades importantes como Oberá, Iguazú, Caraguatay, etc. Otro punto importante sería otorgarle legitimidad como lengua oficial. Una petición que tengo entendido ya fue solicitada ante la Cámara de Representantes de la provincia. Y también a modo de reparación cultural histórica sería clave y muy interesante que se enseñe en las instituciones de educación formal, ya que posibilitará otras maneras de aprender y pensar el mundo con más realismo y coherencia. Ya que sólo se reconocen como “pobladores” a grupos inmigrantes europeos pero no a la población local previa a la colonización privada. Una población criolla, mestiza, indígena y diversa”.

(Foto principal: J.M Blanch)


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